sábado, 29 de mayo de 2010

+ ¿Un cenicero? - No, no fumará hoy.

Andaba descalza, contoneando su figura por las calles tristes de Nueva York.
Pantalones por la cintura, camiseta de tirantes ajustada, zapatos en mano, carmín rojo en los labios, pestañas extra largas, melena castaña al viento y ojos verdes penetrantes.
La noche de fiesta había acabado, se disponía a volver a casa tal como iba, descalza, tenía los pies molidos y no podía más con sus tacones. Acostumbrada al zapato plano aquello era un suicidio.
Rebuscaba entre su bolso rojo su paquete de cigarrillos, fumaba poco pero le gustaba fumar a solas, pensaba que le hacía sexy.
Ya había amanecido y por mucho que podais pensar de Nueva York ese amanecer era totalmente solitario, de repente una voz...
- No me gusta que fumes...
+ ¿Quién eres?
- Un chico.
+ ¡Genial! Si no me lo llegas a decir no lo hubiese sabido nunca.
- Que graciosa, ¿siempre eres así?
+ Sólo con algunos chicos. - ella sonríe a él le tiemblan las piernas.
- Ya entiendo... Bueno no te molesto más.
+ No, no me molestas, caminaba solitaria por las grandes calles de esta gran ciudad y me apetecía hablar con alguien, el camino a casa era demasiado largo...
- Si quieres, te acompaño a casa...
+ No suelo irme con desconocidos pero en fin, me has caído bien, haremos una excepción.
- Genial.

Anduvieron un buen rato sin a penas mediar mucha palabra, era guapo, pensó Clara. Sí, guapo, simpático y su mirada le daba aires de inteligente. Llevaba la corbata casi deshecha y un par de botones de la camisa desabrochados. Clara podía contemplar su piel bronceada. El sol, el verano.. el alcohol ingerido quizás estaban haciendo efecto ahora.
El caminaba cerca de ella respetando las distancias.
Ella pensaba que porque no se acercaba más. Tenía ganas de besarlo.
Caminaba distraido, hasta que de repente se paró.
- Bien, ya hemos llegado.
+ ¿Cómo que ya hemos llegado? Todavía quedan unos 20 minutos andando hacía mi casa.
- ¡Esta es mi cafetería favorita! ¡Hacen un batido de cacao impresionante! Desayunemos, yo invito.
+ Pero.. pero...
- Pero nada, te sentará bien.

Se sentaron en una mesa para dos, ella se colocó dolorida sus zapatos. Una señorita rubia de cabello largo muy guapa les atendió.
* ¿Que desean tomar? - preguntó la señorita rubia, muy educadamente.
- Dos batidos de cacao.
* ¿Eso es todo?
+ Mmm ¿puedes traer un cenicero?
* Sí, en seguida se lo traigo - contestó la señorita rubia con una sonrisa.
- No, no lo traiga no será necesario, no va a fumar.
La señorita rubia con cara de no saber que hacer finalmente dijo:
* Bueno.. ¿eso es todo?
- Sí, gracias. - Contestó él.

Cuando la camarera se marchó....
+ ¡Cómo te atreves a negar el cenicero! ¡Lo necesitaba! ¡Ahora no puedo fumar!
- Ves, se lo he dicho, que finalmente no fumarías.
+ Creo que te odio.- contestó Clara.
- Eso, dímelo después de haberte bebido el batido, después de haberte comprado una rosa en la floristería que hace esquina cerca de tu casa, y después de acompañarte a tu portal, besarte y desearte dulces sueños en una mañana de Domingo donde el sol ha salido porque tu estás en el mundo.
Ella sorprendida por todo aquello...
+ Pero.. pero.. ¿Cómo sabes que cerca de mi casa hay una floristería?
Ella hablaba nerviosa, voz entre cortada, lo miraba a los ojos con vergüenza no sabía por qué ya no pensaba en que le odiaba, ni si quiera tenía ganas de fumar.
- Pues... me enamoré de ti el día que me crucé contigo y mirando a una hermosa flor chocaste conmigo, tus ojos verdes y tu sonrisa produjeron una reacción química inigualable y maravillosa. Me giré para verte y vi como entrabas en tu portal... ese día te juré amor eterno.
+ ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Sí, claro...
+ ¿Puedo cambiar el orden de lo dicho anteriormente, hasta llegar a mi portal?
- Mm si, claro - contestó él sin saber ciertamente a que se refería.
+ Bésame.

martes, 25 de mayo de 2010

De nuevo me encuentro aquí frente a esta pantalla, mientras mi mente lucha por centrarse en los temarios de la universidad y la otra mitad lucha pensando en ti.
¿Quien ha ganado?
Obviamente, escribo esto porque me es inevitable no pensar en ti a cada segundo, cada minuto... o sea que sabes la respuesta...

Te quiero muchísimo.

jueves, 20 de mayo de 2010

He descubierto


He descubierto que...
el problema...

Soy yo...

lunes, 17 de mayo de 2010



Creo que no se pueden sentir más mariposas o lo que realmente sean, sólo sé que me muero por verte, por besarte, abrazarte, mirarte a los ojos y perderme en tu mirada. Sentirte cerca.

Tenerte conmigo.

Sólo quiero eso, solo deseo eso.
Sólo TU.

Me atrevo a todo si tu eres el motivo.
Te quiero tanto..

martes, 11 de mayo de 2010


Hoy no me apetece llevar la vida que llevo y por muy caprichoso que pueda parecer, es cierto.

viernes, 7 de mayo de 2010

Para siempre...

Sin más miramiento cogió su moto roja y se marcó un destino. Su destino era él. Hacía tiempo que no se veían y ella no aguantaba más hoy era el día y punto, no habían motivos, ni explicaciones, simplemente hoy tenían que verse o ella se moría.
Se puso sus vaqueros ceñidos, una camiseta con un dibujo de una superheroina y su sudadera preferida. Cogió sus gafas de sol, su casco y uno para él. Fue al garaje y arrancó su bala roja.
Después se dirijo a su destino, el tiempo parecía pasar y no se acercaba, cada 10 metros un semáforo en rojo la paraba.
Al cabo de un rato llegó, aparcó la moto y él con sus pequeños rizos al sol la esperaba, se quito el casco, alborotó su melena rubia y lo abrazó. Se besaron y se sonrieron.
Entonces ella dijo:
+ ¿Donde quieres ir?
- Contigo donde sea - contestó él.
Ella derretida por dentro sacó el casco que le había guardado y le dijo sube.
Él pensativo pero confiado, subió con una sonrisa y cara de curiosidad. Una vez en marcha él pregunto:
- ¿Donde vamos?
+ Donde sea.
Ambos sonrieron. Ella seguía con la mirada en la carretera. Él se preguntaba donde lo llevaría.
Ella sonreía a sus adentros, desde el momento en el que había formulado la pregunta, ¿donde quieres ir?, ella ya sabía lo que él contestaría por lo que su plan salía a pedir de boca.
Lo llevó a una playa, donde sólo estaban ellos dos. Una pequeño cenador de tela blanca con iluminación cálida por velas semi cubiertas y algunas lámparas decorativas que emitían una luz anaranjada que daba al lugar sensación de paz. Bajo el cenador, una mesa preparada y dos camareros trajeados con su típica servilleta de tela blanca sobre el brazo doblado.
Muy cerca una pequeña orquesta que acababa de poner su punto mágico al lugar en el que se encontraban.
Él sorprendido, perplejo, ella sonreía satisfecha.
Aparcó la moto y de la mano y los pies descalzos anduvieron por la arena hasta llegar a ese bonito lugar.
Él la besó sin saber articular palabra, no se lo esperaba, no sabía porque.
Alrededor del cenador mil fotos suyas, con sonrisas, con lenguas fuera, haciendo el tonto, bonitas, besándose, momentos alucinantes, increíbles, momentos de sus vidas que ya habían pasado, que habían pasado juntos.
Ella dijo:
+ Siéntate cariño, vamos a cenar. -Él se sentó, su cara de atónito y con mil preguntas en su cabeza se hacía notar.
Durante la cena conversaron, rieron, se besaron, jugaban con los pies y la arena y se cogían de la mano. Una velada más que preciosa, pero él continuaba preguntándose por que. Así que finalmente le preguntó:
- Cariño, ¿Y esto? ¿A que se debe?
Ella con su sonrisa en los labios le dijo:
+ Por que te lo mereces mi amor.
- Pero.. ¿por que?
+ Por ser lo mejor de mi vida, por ser la luz de mis ojos, por serlo todo.
Él a cada palabra sentía más ganas de abrazarle y sentirla tan fuerte que quería unirse a ella para siempre.
- Yo también te quiero mi vida, dijo él.
+ Cariño, yo no sólo te quiero, sino que... que te amo.
Y ella como siempre había sido muy atípica y muy espontánea, Se acercó a su silla y de rodillas y cogiéndole una mano le dijo:
+ Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado, sé que no puedo vivir sin ti y eres lo mejor que he conocido nunca. ¿Quieres casarte conmigo, cariño? ¿Quieres pasar el resto de tu vida a mi lado, tesoro?
Y él con lágrimas de emoción en los ojos contestó:
- Claro que quiero cariño, claro que quiero, sin duda eres la chica más maravillosa del mundo.

Esa noche se besaron más fuerte que nunca, esa noche se convirtieron en uno, para siempre...

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